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Los relojes del Museo del Palacio Imperial

2018-10-18 15:40:00 Source: Author:NUESTRA REDACCIÓN
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El Museo del Palacio Imperial, también conocido como la Ciudad Prohibida, fue el palacio imperial de las dinastías Ming y Qing y hoy cuenta con la mayor colección de antiguos objetos de arte del país. Ahí se conservan más de 1500 relojes antiguos, la mayoría de los cuales son ejemplares únicos. El Palacio Fengxian, situado en el lado este del Museo del Palacio Imperial, era el lugar en donde los emperadores rendían homenaje a sus antepasados. Actualmente es un museo en el que se exponen más de 100 refinados relojes antiguos que todavía dan la hora exacta.

 

Desde que se estableciera el Centro de Relojes de Campana en la Ciudad Prohibida, durante el reinado del emperador Kangxi (1654-1722), la técnica para reparar relojes antiguos no ha dejado de ser transmitida de generación en generación. Se trata del único patrimonio cultural del Museo del Palacio Imperial que nunca ha sido interrumpido. En 2014, dicha técnica fue catalogada en la lista de Patrimonios Culturales Inmateriales de Nivel Nacional de China.

 

Wang Jin, prestigioso reparador de relojes, en su taller.

 

La llegada de los relojes

 

Los relojes mecánicos nacieron en Europa. Desde su llegada al país, los emperadores chinos no dejaron de mostrar gran interés en ellos y fue el emperador Wanli de la dinastía Ming (1573-1620) quien empezó a coleccionarlos.

 

En 1601, el misionero italiano Matteo Ricci llegó a China y entregó una serie de tributos al emperador Wanli, dentro de los cuales figuraban un reloj pequeño y otro más grande. En aquel entonces, en China solo se empleaban la clepsidra y el reloj solar, los cuales calculaban el tiempo mediante el flujo regulado de un líquido, en el primer caso, y el movimiento de la sombra, en el segundo. El tiempo entre el atardecer y el amanecer se dividía en cinco partes y a cada una se le llamaba geng. Además, el tambor se tocaba al inicio de cada geng. Los relojes occidentales que trajo Matteo Ricci capturaron la atención del emperador Wanli, quien se puso muy contento al escuchar el tictac y recompensó generosamente al italiano. Aquellos dos relojes occidentales fueron los primeros que se guardaron en el Museo del Palacio Imperial.

 

Los emperadores de la dinastía Qing mostraron aún más interés en los relojes occidentales, que ya tenían muchos modelos originales e ingeniosos, con adornos que representaban cuerpos celestes, vehículos, personajes, especies de la fauna y flora, edificios, etc. Asimismo, tenían diversas maneras de dar la hora: los personajes actuaban, los pájaros cantaban, las flores florecían, los vehículos se movían, los ojos de los animales giraban. Sus novedosos diseños, su melodiosa música y su connotación de buena fortuna agradaron a los emperadores y emperatrices. Se volvieron tan populares entre la familia imperial que sus miembros se las ingeniaron para coleccionar relojes preciosos y raros. Un buen ejemplo fue el emperador Qianlong (1711-1799), para quien el estándar más importante a la hora de calificar un reloj era su ingeniosidad. Muchas veces ordenó a los funcionarios de la aduana de la provincia de Guangdong la compra de relojes occidentales, aunque costaran una fortuna.

 

Las delegaciones y los misioneros occidentales sabían de aquel gusto de los emperadores chinos y, por consiguiente, traían elegantes relojes que presentaban al emperador con el fin de obtener beneficios a cambio. Los fabricantes europeos de relojes también empezaron a diseñar ejemplares con estilo oriental para venderlos en China. El Palacio Imperial fue coleccionando cada vez más relojes hermosos y finos, cada uno de los cuales era como un tesoro.
Wang Jin repara un viejo reloj musical.

 

 

La fabricación de relojes

 

No todos los relojes que se encuentran en el Museo del Palacio Imperial provinieron de Europa. Una gran parte de ellos se fabricaron en China.

 

A partir de 1648, durante la dinastía Qing, el Palacio Imperial se puso a reparar y reproducir relojes occidentales. El emperador Kangxi, diligente y estudioso, sentía mucho afán por la ciencia y la tecnología de Occidente, en especial por el símbolo de todo ello: los relojes. Los consideraba como un buen ejemplo de las tecnologías avanzadas de Occidente que debían ser aprendidas, por lo que estableció el Centro de Relojes de Campana, a fin de coleccionar, fabricar y conservar los relojes imperiales. Algunos de los artesanos fueron misioneros occidentales. En esa época, la fabricación de relojes cortesanos ya tenía cierta envergadura.

 

Durante el reinado del emperador Qianlong, el Centro de Relojes de Campana cambió de nombre al de Centro de la Fabricación de Relojes, en donde se empezaron a fabricar, sobre todo, relojes geng, los cuales combinaban la metodología tradicional china para medir el tiempo con la occidental. Además, tales relojes podían ajustar la duración de cada geng según los cambios de los periodos climáticos. Estos relojes fabricados en el Palacio Imperial estaban cubiertos con madera de excelente calidad y adornados con esmalte o laca dorada para que lucieran solemnes. La mayoría tiene forma de edificios tradicionales chinos, lo cual era una manera de desear una vida longeva.

 

Los relojes del Museo del Palacio Imperial no solo servían para medir el tiempo, sino que también tenían funciones utilitarias y decorativas. Por ejemplo, se conserva un reloj en el que el emperador podía apoyarse, y cuando él presionaba un botón sonaba una música melodiosa. Otro caso es el de un reloj de armario que combina perfectamente el estilo de los muebles clásicos: en el centro de la parte inferior del armario está implantado un reloj, mientras que a sus dos lados se exponen artículos exquisitos. Además, hay relojes percheros donde se colgaban los sombreros del emperador, y relojes de estuche en los que se guardaban los cosméticos de las concubinas.

 

El Centro de la Fabricación de Relojes cumplía las órdenes del emperador y una de sus tareas principales era remodelar algunos de los relojes occidentales. Algunos relojes se gastaban con el tiempo, entonces dicho centro los reparaba y renovaba. A algunos se les cambiaba el aspecto y el color, y a otros se les agregaba nuevos dispositivos. El centro hacía pequeñas o grandes modificaciones según el gusto del emperador.
24 de mayo de 2017. Una visitante aprecia un refinado reloj en la Exposición de la Ciudad Prohibida y la Ruta Marítima de la Seda en el Museo del Palacio Imperial. Fotos de VCG

 

 

Aunque el Centro de la Fabricación de Relojes ya dejó de funcionar en el Museo del Palacio Imperial, este arte ha sido transmitido de generación en generación. Los relojeros de hoy han adquirido un conjunto de técnicas gracias a la acumulación de experiencias de siglos atrás.

 

Antes de reparar un reloj, primero hay que tomar fotos que sirvan no solo de constancia, sino también para diseñar un plan de reparación y guardarlo en los archivos. Después, hay que desempolvarlo, desarmarlo y limpiarlo. Existe un orden estricto a la hora de desensamblarlo. Al final, es importante limpiar todas las piezas del reloj con un detergente eficaz para no dejar ninguna mancha.

 

Lo peor que puede pasar durante el proceso de reparación es que se rompa alguna pieza original o se carezca de alguna de ellas. Una pequeña avería puede afectar todo el funcionamiento. Puede pasar que la pieza deteriorada mida menos de un milímetro y es imprescindible reproducir una del mismo tamaño. A diferencia de la reparación de relojes modernos, en la que una pieza original puede ser reemplazada con una nueva, cuando se trata de antiguos relojes es necesario reparar la pieza original en lugar de colocar una nueva.

 

Una vez terminado todo el proceso de reparación, ya pueden ensamblarse las piezas y poner el reloj a prueba. Si aún no funciona, hay que volver a desmontarlo y revisarlo. Este tipo de trabajos solo se cumplen con mucha paciencia.

 

La parte más complicada de estos exquisitos relojes son sus decoraciones, las cuales poseen cientos e, incluso, miles de piezas. Por consiguiente, es necesario repararlos para que puedan volver a ser admirados después de dar la hora exacta. Para ello se requieren métodos tanto tradicionales como modernos, con el fin de solucionar los problemas que surjan en el proceso de reparación.

 

Como la mayoría de estos relojes antiguos pertenecieron a la familia imperial, hay pocos registros históricos sobre ellos, lo cual puede generar muchos obstáculos al momento de realizar investigaciones o de transmitir las técnicas. Sin embargo, gracias al desarrollo de la tecnología, los relojeros están dispuestos a poner un código QR a cada reloj reparado. Cada vez que lo escaneen, los investigadores podrán ver su aspecto y escuchar su sonido.

 

El arte de la reparación de los relojes de la dinastía Qing ha sido transmitido a una cuarta generación. El Museo del Palacio Imperial organizó un taller para los reparadores profesionales y elaboró un manual con toda la información de los últimos años sobre la reparación de relojes, a fin de preservar esta antigua técnica.

 

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